Carnaval, carnaval:¡Carnaval, te quiero!(14-3-2003)
Llegó de nuevo el Carnaval, y casi todos los pueblos y ciudades se disfrazan de fiesta y diversión. Además en estos tiempos que corren, es el carnaval un soplo de aire fresco a tanta pre-preparación bélica... a tanto chapapote... y a otros problemas que nos preocupan y ocupan a casi todos los españoles.
Y como en carnaval, hasta los temas más espinosos son motivo de burla, casi sin duda alguna, se llenarán nuestras calles de blanquísimos voluntarios de recogida de chapapote del Prestige, de Sadanes Huseines (con puro incluido), de Bushes muy americanos, y seguro que de algún que otro Aznar.
Además como buena churriega que soy, y sobre todo carnavalera, no puedo dejar de mencionar el disfraz que casi seguro más llenará nuestras calles, lo que nosotros llamamos Máscara Callejera. La preparación del traje es bastante más económica que la de los trajes tipo carnaval de Tenerife u otros algo menos complicados.
Hay que buscar en nuestros baúles ropas viejas o pasadas de moda (cuanto más anticuadas mejor). Y no nos podemos olvidar del antifaz; confeccionado con un trapo cualquiera y unas tijeras, en el que sólo es necesario un par de agujeros para los ojos y otro para la boca. ¡Ah! no olvidar, el gorro de paja y llevarnos de casa lo más indispensable, el inolvidable: ¿A que no me conoces? Con voz chirriante y picaresca.
Recuerdo, que alguna vez que otra, también me disfracé de este singular y característico personaje del carnaval; al que se le puede hacer mucho más divertido añadiéndole alguna inmensa joroba o barriga monumental, amén de otros muchos adornos más estrambóticos... se dice: Cuanto más extravagante mejor.
Y aparte de los que se disfracen, niños y mayores, del confeti que llene las plazas y calles, de las pistas de baile preparadas para la ocasión, del bullicio y de los matasuegras; no puedo olvidarme de una de las cosas que más me gustan del carnaval: la repostería que se degusta estos días, que es la tradicional fruta en sartén. Delicioso manjar que nos alegra el estómago y el paladar.
Por eso, como todo es alegría en esta fiesta, aunque enterremos pronto a la sardina, no hay que olvidarse de guardar en el baúl para el año que viene, todas las sonrisas, los colores y el antifaz. Porque seguro que el carnaval volverá de nuevo a alegrarnos el corazón.
Llegó de nuevo el Carnaval, y casi todos los pueblos y ciudades se disfrazan de fiesta y diversión. Además en estos tiempos que corren, es el carnaval un soplo de aire fresco a tanta pre-preparación bélica... a tanto chapapote... y a otros problemas que nos preocupan y ocupan a casi todos los españoles.
Y como en carnaval, hasta los temas más espinosos son motivo de burla, casi sin duda alguna, se llenarán nuestras calles de blanquísimos voluntarios de recogida de chapapote del Prestige, de Sadanes Huseines (con puro incluido), de Bushes muy americanos, y seguro que de algún que otro Aznar.
Además como buena churriega que soy, y sobre todo carnavalera, no puedo dejar de mencionar el disfraz que casi seguro más llenará nuestras calles, lo que nosotros llamamos Máscara Callejera. La preparación del traje es bastante más económica que la de los trajes tipo carnaval de Tenerife u otros algo menos complicados.
Hay que buscar en nuestros baúles ropas viejas o pasadas de moda (cuanto más anticuadas mejor). Y no nos podemos olvidar del antifaz; confeccionado con un trapo cualquiera y unas tijeras, en el que sólo es necesario un par de agujeros para los ojos y otro para la boca. ¡Ah! no olvidar, el gorro de paja y llevarnos de casa lo más indispensable, el inolvidable: ¿A que no me conoces? Con voz chirriante y picaresca.
Recuerdo, que alguna vez que otra, también me disfracé de este singular y característico personaje del carnaval; al que se le puede hacer mucho más divertido añadiéndole alguna inmensa joroba o barriga monumental, amén de otros muchos adornos más estrambóticos... se dice: Cuanto más extravagante mejor.
Y aparte de los que se disfracen, niños y mayores, del confeti que llene las plazas y calles, de las pistas de baile preparadas para la ocasión, del bullicio y de los matasuegras; no puedo olvidarme de una de las cosas que más me gustan del carnaval: la repostería que se degusta estos días, que es la tradicional fruta en sartén. Delicioso manjar que nos alegra el estómago y el paladar.
Por eso, como todo es alegría en esta fiesta, aunque enterremos pronto a la sardina, no hay que olvidarse de guardar en el baúl para el año que viene, todas las sonrisas, los colores y el antifaz. Porque seguro que el carnaval volverá de nuevo a alegrarnos el corazón.
©®Diana Rodrigo Ruiz


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