miércoles, mayo 03, 2006

¡AGUA VA!(17-11-2003)

Allá por el año 1759 llegó Carlos III al trono de España, y con él un séquito de nombres ilustres italianos de la época. A estos italianos Carlos III los hizo ministros como por ejemplo Leopoldo de Orís, más conocido como el Marqués de Esquilache, el que después daría nombre a uno de los levantamientos populares más importantes de la historia de España: El Motín de Esquilache. Este levantamiento fue debido a un conjunto de normas y leyes que promulgó dicho ministro, amen de otras causas, como una subida intensa de los precios. Por último decir en este pequeño apunte histórico, que después de aquel motín se recordó, como suele pasar, más bien lo malo que lo bueno que hizo este conjunto de ministros italianos, más concretamente el que nos interesa: el Marqués de Esquilache.

Se preguntarán porque nos puede interesar un personaje ya muerto y más que muerto en una época como esta. Pues nos interesa por el motivo siguiente: cuando llegó a España aquel caballero, más concretamente a Madrid, el aspecto de la ciudad y de las ciudades era lamentable. Las calles estaban sucias, grises y malolientes, esto producía enfermedades y malestar a cualquier viandante. ¿Cuál era el motivo que provocaba esto?

Todo se debía al afamado ¡Agua va!, que gobernantes antes y tiempo atrás no habían conseguido eliminar, ni si quiera con leyes severas. Es decir, antiguamente se tenía la costumbre de tirar los orines y residuos fecales por la ventana, además de otras basuras cotidianas. Uniendo esto que en aquella época no contaban con alcantarillado ni nada que se le pareciese, daba Madrid y otras ciudades de España un aspecto lamentable y molesto. Pero más molesto era para la persona que le caía toda aquella suciedad encima, cosa a la que estaban acostumbrados.

Pues bien, Esquilache en su mandato, promulgó distintas leyes y reformas higiénicas y sanitarias para evitar esto. Algunas de las cuales eran abrir pozos negros en las viviendas, se prohibió arrojar cualquier tipo de suciedad a la calle, además de establecer un sistema de limpieza para las mismas. Esto incluyo otras como alumbrado general para controlar más a aquellos que no cumplieran con la ley, a los que gravemente se multaba. Esto dio paso a un Madrid más luminoso y con él otras ciudades españolas, que desde aquel año y durante los siglos sucesivos se instauró esta buena costumbre en pueblos y ciudades.

Aún así si hoy en día Esquilache levantara la cabeza y paseará por algunas calles de nuestras ciudades y pueblos gritaría horrorizado. Aún haya hoy leyes que no permitan estos residuos, no son suficientes. Bien es cierto que generalmente no se darán casos de residuos humanos pero desde luego si animales, y más concretamente caninos. Sin tener yo nada en contra de estos dulces y fieles animales de compañía, si quisiera dar un tirón de orejas a sus dueños.

Bien es cierto que hoy en día se ha conseguido que al menos recojan, en algunos casos, las molestas caquitas que normalmente acaban debajo de nuestros zapatos. ¿Pero, y los orines? Los orines se quedan ahí, con su fétido olor que en algunas calles se hace inaguantable.

Curiosamente transito todos los días por muchas de estas calles y he comprobado que en días soleados y sin una nube, hay enormes charcos en las aceras. Estos despiden un aroma que marea a cualquier transeúnte. Sobre todo en una calle, que lleva por nombre a un ilustre hidalgo de nuestra literatura española, es algo increíble. Como tengo que pasar por ella, porque no tengo alternativa, antes respiro profundo y a media carrera cruzo sin tomar aire. A pesar de que en algunas ocasiones llegó a su final medio morada, prefiero eso a tener que percibir en mi pituitaria algo tan desagradable, que a veces me ha hecho estar al borde de la arcada.

Por eso decir que tal vez necesitemos alguna alternativa o algún Esquilache, que de solución a este conflicto. Tal vez algún sitio o lugar donde los perros y otros animales puedan libremente y sin molestias pasear.

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