BODA POR PRINCIPIOS O POR NEGOCIO (16-6-03)
No hemos aún comenzado el verano y ya se nos ha echado encima el calor. Y con el verano aún sin comenzar las bodas. Parece que los meses de verano son los más deseados por los novios y por las novias para casarse. Será casi seguro por gozar de las mejores condiciones meteorológicas posibles para el viaje de luna de miel, que además en estas fechas sale más económico.
Unos viajes de novios que en nada se parecen ya a los de nuestros antepasados. Antes, la luna de miel era simplemente un paseo en tren de unas 5 o 6 horas hasta Madrid –a veces en el mismo día- con una maleta que normalmente iba vacía (porque no tenían nada que meter) y que algunos incluso alquilaban. Porque llevarla había que llevarla, por eso de “aparentar que se tenía algo que no se tenía”.
Hoy en día esos viajes de antaño se nos quedan en una muela, y necesitamos destinos más exóticos como algún romántico país europeo, paseos a la luz de la luna en cualquier rincón de Asia (que ahora con la neumonía asiática es poco recomendable visitar) o tomar el sol en el confortable Caribe.
Además de los viajes han cambiado muchas cosas en las bodas. Ahora, antes del evento todo se tiene: el piso (con sus respectivos muebles), el coche... y todo se planifica: cosas tan absurdas como que lugar ocuparán las flores en la iglesia, cuantos kilos de arroz se echarán a los novios e incluso que tono de voz hay que darle al “si quiero”. Y en el lado opuesto un pasado aún cercano “casarse con lo puesto”. Sí, sí, literalmente como suena: con lo puesto. E incluso hasta los trajes que llevaban eran alquilados, de otras bodas o en los casos más morbosos: la futura mortaja (suena muy mal pero es cierto).
Antes la gente no se planteaba si se casaba o no y el porque de esa decisión, ya que era algo que todo el mundo hacía y nadie se atrevía a romper la costumbre, excepto algún moderno que se aventuraba a serlo por aquel entonces. Pero hoy en día eso ha cambiado mucho, ya que la inmensa mayoría de los jóvenes y no tan jóvenes se plantean que hacer y porque.
En este sentido quiero plantear mi punto de vista. ¿Por qué se casa uno hoy en día? ¿Por principios, o por negocio? Muchos creen y defienden el contraer matrimonio por principios, por la idea romántica que ello conlleva y sobre todo por la iglesia y para toda la vida.
Pero la realidad es otra. Muchos se escudan en la afirmación de que lo hacen por principios y luego claramente se ve que se casan por negocios. Porque una boda es un negocio, aunque no queramos admitirlo. Si vas a una boda y el cubierto es de 50 euros, no des menos de 100 porque si no luego te van a mirar mal, por muy amigos tuyos que sean los novios. Hace poco conocí una boda y su beneficio, así me lo contaba la novia: limpios habían sacado 3 kilos (no de arroz, sino de las antiguas pesetas). Les había dado para irse bien lejos en su luna de miel y hasta para amueblar el piso. Pero no sé que tiene más delito si el típico sobre o las listas de regalos de bodas. Los novios conciertan con una tienda una lista de aquello que desean, y a todos los que están invitados a la boda les mandan a la susodicha tienda a encargar el regalo que les corresponde.
Alguien puede decirme que antiguamente se hacía algo parecido. Por ejemplo en el siglo XIX, en esta tierra manchega los padres de los novios se juntaban unos días antes del enlace, para ver el ajuar que llevaban cada uno de sus hijos... y si trágicamente durante el matrimonio uno de los cónyuges fallecía y no habían concebido hijos, toda esa lista era reclamada por los padres del difunto, y el viudo o la viuda debían devolver hasta la última camisa.
Esta tradición dejó paso al concepto más “sano” que veo yo de boda, como ya he dicho: casarse por costumbre, y que desgraciadamente ha dado paso en nuestros días al concepto de “negocio”.
No hemos aún comenzado el verano y ya se nos ha echado encima el calor. Y con el verano aún sin comenzar las bodas. Parece que los meses de verano son los más deseados por los novios y por las novias para casarse. Será casi seguro por gozar de las mejores condiciones meteorológicas posibles para el viaje de luna de miel, que además en estas fechas sale más económico.
Unos viajes de novios que en nada se parecen ya a los de nuestros antepasados. Antes, la luna de miel era simplemente un paseo en tren de unas 5 o 6 horas hasta Madrid –a veces en el mismo día- con una maleta que normalmente iba vacía (porque no tenían nada que meter) y que algunos incluso alquilaban. Porque llevarla había que llevarla, por eso de “aparentar que se tenía algo que no se tenía”.
Hoy en día esos viajes de antaño se nos quedan en una muela, y necesitamos destinos más exóticos como algún romántico país europeo, paseos a la luz de la luna en cualquier rincón de Asia (que ahora con la neumonía asiática es poco recomendable visitar) o tomar el sol en el confortable Caribe.
Además de los viajes han cambiado muchas cosas en las bodas. Ahora, antes del evento todo se tiene: el piso (con sus respectivos muebles), el coche... y todo se planifica: cosas tan absurdas como que lugar ocuparán las flores en la iglesia, cuantos kilos de arroz se echarán a los novios e incluso que tono de voz hay que darle al “si quiero”. Y en el lado opuesto un pasado aún cercano “casarse con lo puesto”. Sí, sí, literalmente como suena: con lo puesto. E incluso hasta los trajes que llevaban eran alquilados, de otras bodas o en los casos más morbosos: la futura mortaja (suena muy mal pero es cierto).
Antes la gente no se planteaba si se casaba o no y el porque de esa decisión, ya que era algo que todo el mundo hacía y nadie se atrevía a romper la costumbre, excepto algún moderno que se aventuraba a serlo por aquel entonces. Pero hoy en día eso ha cambiado mucho, ya que la inmensa mayoría de los jóvenes y no tan jóvenes se plantean que hacer y porque.
En este sentido quiero plantear mi punto de vista. ¿Por qué se casa uno hoy en día? ¿Por principios, o por negocio? Muchos creen y defienden el contraer matrimonio por principios, por la idea romántica que ello conlleva y sobre todo por la iglesia y para toda la vida.
Pero la realidad es otra. Muchos se escudan en la afirmación de que lo hacen por principios y luego claramente se ve que se casan por negocios. Porque una boda es un negocio, aunque no queramos admitirlo. Si vas a una boda y el cubierto es de 50 euros, no des menos de 100 porque si no luego te van a mirar mal, por muy amigos tuyos que sean los novios. Hace poco conocí una boda y su beneficio, así me lo contaba la novia: limpios habían sacado 3 kilos (no de arroz, sino de las antiguas pesetas). Les había dado para irse bien lejos en su luna de miel y hasta para amueblar el piso. Pero no sé que tiene más delito si el típico sobre o las listas de regalos de bodas. Los novios conciertan con una tienda una lista de aquello que desean, y a todos los que están invitados a la boda les mandan a la susodicha tienda a encargar el regalo que les corresponde.
Alguien puede decirme que antiguamente se hacía algo parecido. Por ejemplo en el siglo XIX, en esta tierra manchega los padres de los novios se juntaban unos días antes del enlace, para ver el ajuar que llevaban cada uno de sus hijos... y si trágicamente durante el matrimonio uno de los cónyuges fallecía y no habían concebido hijos, toda esa lista era reclamada por los padres del difunto, y el viudo o la viuda debían devolver hasta la última camisa.
Esta tradición dejó paso al concepto más “sano” que veo yo de boda, como ya he dicho: casarse por costumbre, y que desgraciadamente ha dado paso en nuestros días al concepto de “negocio”.
©®Diana Rodrigo Ruiz


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