miércoles, mayo 03, 2006

LA CENSURA Y LA BASURA MEDIÁTICA(5-8-2003)

Hace pocos días leí un artículo en la prensa que hablaba de la falta de coherencia y racionalidad en los medios de comunicación, así como del mal gusto y degradación de los mismos –refiriéndose sobre todo a lo que se conoce como basura mediática-. El autor del artículo en cuestión proponía la eliminación de estos espacios para dar paso a otros culturales, informativos y de mayor interés general.

Y yo pienso, sino se habría preguntado esta persona el porqué de la existencia de estos programas. Señalar una de las afirmaciones que se exponían en uno de los párrafos –los medios han caído en la idiotez- una idiotez en la que yo no creo. Los medios de comunicación han demostrado y están demostrando desde hace mucho tiempo una inteligencia pasmosa sobre todo en lo económico. Todos sabíamos de la cuantiosa cifra económica que se embolsan con cada anuncio publicitario, pero de un tiempo a esta parte han demostrado su ingenio sabiendo aprovechar los 906 y los mensajes, logos y tonos para móviles (que cuestan sobre el euro por mensaje). Muchas veces he pensado en el tipo de persona que se gasta tantísimo dinero en ese tipo de chorradas –permítaseme la palabra-.

Aparte del carácter económico de este tipo de programas, también hay que hacer mención a su audiencia. No es menos cierto que son espacios que cuentan con gran afluencia de telespectadores, radioyentes o lectores. Y a esto, al igual que el señor del artículo -en lo único que coincidimos- no me explico el porqué. Pero aparte de no comprender la cantidad de audiencia de estos programas, que lo único que hacen es generar y dar cabida a una cantidad increíble de casposos, malos imitadores e incoherentes; debo abogar por la tolerancia a los mismos.

Sé que esto puede parecer una incoherencia por mi parte, pero no podemos caer en la tentación de controlar, limitar e incluso eliminar de las pantallas, emisoras o portadas este tipo de “entretenimientos”. Porque para eso, señor articulista, tenemos a la audiencia que es la que decide si un programa, sea de radio de televisión, o un medio de papel tiene su continuidad o por si lo contrario es retirado. Porque nada existe sin un motivo claro, y el motivo era el que he citado anteriormente: tienen gran aceptación.

Porque si lleváramos a cabo dicho control, estaríamos en lo mismo que años atrás, que trataba a nuestros abuelos y padres como simples borregos, a los que se les decía que escuchar, que ver y que leer. Porque aparte de cortar una escena entera en una película, que después hacía perder el hilo de la misma, de arrancar 20 páginas ofensivas de un libro, y de acallar voces ahora veneradas en la literatura –Miguel Hernández, Lorca, Alberti... y tantos otros- estaban coartando derechos tan fundamentales, como los recogidos en los artículos 16 y 20 de la constitución española. Entre ellos destaco el derecho a la información, a la libertad ideológica, ala manifestación ideológica, religiosa o de cualquier otro pensamiento e ideas.

Esto es lo que todos conocían como la censura, la terrible censura que incluso podía reservarse el derecho de meter a uno en la cárcel por ser el propietario de un ejemplar de los que se denominaba como libros prohibidos. Terrible censura que no podemos cederle un ápice de terreno. Por lo que la única solución que yo podría ofrecerle a este señor es la tolerancia. Palabra bella y maravillosa. Tolerancia hacia los demás, porque pese a quien le pese, vivimos en democracia y en libertad con todas sus consecuencias. Democracia en la que cada uno ve, escucha y dice lo que quiere y lo más importante de todo decidimos por nosotros mismos que es lo que queremos hacer en un momento dado.

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