ARTE: PERFORMANCE CONCEPTUAL(17-1-2006)
En diciembre de 2004 venía a contarles las diversidades de arte que podíamos encontrar en museos, galerías y otros lugares de exposición: surrealismo, realismo, impresionismo... y las tomaduras de pelo que bajo algunos de estos –ismos podíamos encontrarnos. Tomaduras de pelo, como la que hoy, he podido leer en un artículo publicado en internet: “Cómo no pasar desapercibido”.
Todo comenzó en el año 1917 cuando el artista Marcel Duchamp compraba en un comercio de su ciudad un urinario blanco y normal (de 60 centímetros aproximadamente), como los que todos los hombres encuentran en los váteres de algunos establecimientos; y ni corto ni perezoso se propuso hacer de él lo que más tarde sería llamado La Fuente. Para ello giró el urinario 90 grados, y posó la parte que debe ir en la pared como base, lo único novedoso que incorporó fue un pedestal de mármol para darle elegancia, y así y bajo pseudónimo –no sabemos si por vergüenza o por darle misterio al asunto- envió la pieza a la Sociedad Americana de Artistas para su exposición… pero tal conmoción causó el artilugio, que no fue expuesta.
Posteriormente, y para desdicha de todos la pieza se perdió, y el propio autor creo unas cuantas más similares para dejar en la posteridad conocimiento de su magnífica talla. La que curiosamente y a finales del siglo XX derrotó a las Señoritas de Avignon, del pintor Pablo Ruiz Picasso, en la encuesta que llevaron a cabo a varios artistas, entendidos y críticos de nuestra era para determinar cual había sido la obra de arte más influyente del siglo XX, y por un 64% ganó la Fuente a las hermosísimas señoritas de Avignon… en mi opinión algo bochornoso.
Y como detrás de cualquier artista llega otro mucho más innovador y rompedor, llegó Pierre Pinoncelli, artista saboteador que ha ido dejando sus restos orgánicos y su mal humor allá por donde ha pasado. Primero fue en el año 1993, cuando expuesta una de las réplicas de la Fuente de Duchamp, se dispuso en mitad de una exposición a sacar su miembro y orinar encima de la “escultura”. A pesar del escándalo, de su detención y de la cuantiosa multa que se le impuso, aseguró haber creado un magnífico “performance conceptual”.
Pierre no contento con aquella magnífica obra, creada con sus orines, persiguió durante más de 13 años la misma pieza, hasta que ha sido de nuevo expuesta en el museo Beaubourg de París. Y allí se coló el señor Pinoncelli, sacó disimuladamente un martillo de la mochila que llevaba, y ni corto ni perezoso se lió a martillazos con la dolida obra de Duchamp… extrayendo posteriormente algunos fragmentos de la porcelana. De nuevo fue detenido, juzgado por “parasitismo artístico” y seguramente multado.
Pero tanto el vándalo Pierre Pinoncelli, como el artista Marcel Duchamp, nos ponen de manifiesto lo que viene sucediendo en el panorama cultural y artístico de nuestra época: ¿nueva forma de crear y realizar arte o tomadura de pelo? En mi sincera opinión, me decanto más por la segunda opción, pero como se dice debe haber arte para todos los gustos. Así me despido, contemplando y sin entender estos urinarios al revés, poemas gráficos (dibujos estrellados sobre el papel… similar a lo que hacíamos de niños con cepillos de dientes), y pinturas neutras de un solo color con firma ilegible…
Todo comenzó en el año 1917 cuando el artista Marcel Duchamp compraba en un comercio de su ciudad un urinario blanco y normal (de 60 centímetros aproximadamente), como los que todos los hombres encuentran en los váteres de algunos establecimientos; y ni corto ni perezoso se propuso hacer de él lo que más tarde sería llamado La Fuente. Para ello giró el urinario 90 grados, y posó la parte que debe ir en la pared como base, lo único novedoso que incorporó fue un pedestal de mármol para darle elegancia, y así y bajo pseudónimo –no sabemos si por vergüenza o por darle misterio al asunto- envió la pieza a la Sociedad Americana de Artistas para su exposición… pero tal conmoción causó el artilugio, que no fue expuesta.
Posteriormente, y para desdicha de todos la pieza se perdió, y el propio autor creo unas cuantas más similares para dejar en la posteridad conocimiento de su magnífica talla. La que curiosamente y a finales del siglo XX derrotó a las Señoritas de Avignon, del pintor Pablo Ruiz Picasso, en la encuesta que llevaron a cabo a varios artistas, entendidos y críticos de nuestra era para determinar cual había sido la obra de arte más influyente del siglo XX, y por un 64% ganó la Fuente a las hermosísimas señoritas de Avignon… en mi opinión algo bochornoso.
Y como detrás de cualquier artista llega otro mucho más innovador y rompedor, llegó Pierre Pinoncelli, artista saboteador que ha ido dejando sus restos orgánicos y su mal humor allá por donde ha pasado. Primero fue en el año 1993, cuando expuesta una de las réplicas de la Fuente de Duchamp, se dispuso en mitad de una exposición a sacar su miembro y orinar encima de la “escultura”. A pesar del escándalo, de su detención y de la cuantiosa multa que se le impuso, aseguró haber creado un magnífico “performance conceptual”.
Pierre no contento con aquella magnífica obra, creada con sus orines, persiguió durante más de 13 años la misma pieza, hasta que ha sido de nuevo expuesta en el museo Beaubourg de París. Y allí se coló el señor Pinoncelli, sacó disimuladamente un martillo de la mochila que llevaba, y ni corto ni perezoso se lió a martillazos con la dolida obra de Duchamp… extrayendo posteriormente algunos fragmentos de la porcelana. De nuevo fue detenido, juzgado por “parasitismo artístico” y seguramente multado.
Pero tanto el vándalo Pierre Pinoncelli, como el artista Marcel Duchamp, nos ponen de manifiesto lo que viene sucediendo en el panorama cultural y artístico de nuestra época: ¿nueva forma de crear y realizar arte o tomadura de pelo? En mi sincera opinión, me decanto más por la segunda opción, pero como se dice debe haber arte para todos los gustos. Así me despido, contemplando y sin entender estos urinarios al revés, poemas gráficos (dibujos estrellados sobre el papel… similar a lo que hacíamos de niños con cepillos de dientes), y pinturas neutras de un solo color con firma ilegible…


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