COSAS DE POCA IMPORTANCIA(26-7-2005)
Contaba el poeta zamorano León Felipe en uno de sus poemas más extraordinarios, sus venturas y desventuras en este mundo. Para los interesados diré el título del poema: ¡Qué lástima!, en el relataba que en un pueblo perdido de la Alcarria encontró la felicidad dentro de las cosas que a simple vista parecen insignificantes: como ver el transcurrir de la vida por la ventana –personas con orígenes, pasados y futuros indecibles- la tenencia de ninguna cosa: sólo el sentirse uno mismo, y otros pequeños detalles de la vida que en el paso del tiempo simplemente pasa inadvertido.
Mientras, a nuestro alrededor el mundo se sacude atroz y muchas de las palabras que se escriben, muchos de los segundos que se muestran en los medios absorben toda nuestra atención y nos separan de la realidad palpable que nos rodea, es decir, nos ocurre aquello que agobia a todo ser humano: vivir si haberse uno dado cuenta.
El reloj gira y gira sin pausa, y pasan los segundos, los días y los meses, y mientras van cayendo las hojas del calendario a un ritmo vertiginoso seguimos una existencia vital, a veces banal, que se limita a comer, dormir, trabajar, disfrutar poco de nuestro tiempo libre y de nuestros seres queridos. En este último deberíamos centrarnos un poco más:
Me dijeron hace poco un refrán en el que explica muy bien algo sobre el dormir: “El que mucho duerme poco vive”, algo cierto pero indispensable para nuestro bienestar. ¿Qué hacer entonces? Dormir lo necesario, pero no llegar a abusar de ese placer que sume nuestro cuerpo en la inconsciencia.
Con las horas de las comidas lo tenemos algo más fácil, ya que se puede disfrutar muchísimo de estos momentos. El buen cocinar es un arte, pero el buen comer también. Es decir, no sirve solamente con la espectacular preparación de un plato exquisito, ya que si el comensal directamente lo engulle sin pararse a deleitar su paladar en sabores, aromas y matices que provoca la comida; todo el trabajo preparado no sirve para nada. Por lo que a comenzar a disfrutar de la comida.
Y para terminar hablemos de nuestro tiempo libre y de nuestras relaciones sociales. Los momentos con los amigos y la familia deben ser disfrutados igualmente, no podremos llevar a cabo una existencia feliz sino hablamos, discutimos, besamos y abrazamos a nuestros seres queridos. Ya que incluso en una discusión podemos encontrar satisfacción de relacionarnos.
También con ellos, o sin ellos, debemos centrarnos en vivir nuestro tiempo libre: podemos realizar aquellas actividades que nos deleitan, pero con pasión: viajar, jugar, realizar a algún deporte, saltar en paracaídas, tocar la guitarra en mitad de un parque… Y siempre, siempre buscar un momento para encontrarnos con nosotros mismos.
Esto no ha querido ser un tratado de felicidad, ni una guía de maneras de vivir, sólo es un toque de atención para disfrutar la vida, ya que aunque no nos demos cuenta es corta y única.
Mientras, a nuestro alrededor el mundo se sacude atroz y muchas de las palabras que se escriben, muchos de los segundos que se muestran en los medios absorben toda nuestra atención y nos separan de la realidad palpable que nos rodea, es decir, nos ocurre aquello que agobia a todo ser humano: vivir si haberse uno dado cuenta.
El reloj gira y gira sin pausa, y pasan los segundos, los días y los meses, y mientras van cayendo las hojas del calendario a un ritmo vertiginoso seguimos una existencia vital, a veces banal, que se limita a comer, dormir, trabajar, disfrutar poco de nuestro tiempo libre y de nuestros seres queridos. En este último deberíamos centrarnos un poco más:
Me dijeron hace poco un refrán en el que explica muy bien algo sobre el dormir: “El que mucho duerme poco vive”, algo cierto pero indispensable para nuestro bienestar. ¿Qué hacer entonces? Dormir lo necesario, pero no llegar a abusar de ese placer que sume nuestro cuerpo en la inconsciencia.
Con las horas de las comidas lo tenemos algo más fácil, ya que se puede disfrutar muchísimo de estos momentos. El buen cocinar es un arte, pero el buen comer también. Es decir, no sirve solamente con la espectacular preparación de un plato exquisito, ya que si el comensal directamente lo engulle sin pararse a deleitar su paladar en sabores, aromas y matices que provoca la comida; todo el trabajo preparado no sirve para nada. Por lo que a comenzar a disfrutar de la comida.
Y para terminar hablemos de nuestro tiempo libre y de nuestras relaciones sociales. Los momentos con los amigos y la familia deben ser disfrutados igualmente, no podremos llevar a cabo una existencia feliz sino hablamos, discutimos, besamos y abrazamos a nuestros seres queridos. Ya que incluso en una discusión podemos encontrar satisfacción de relacionarnos.
También con ellos, o sin ellos, debemos centrarnos en vivir nuestro tiempo libre: podemos realizar aquellas actividades que nos deleitan, pero con pasión: viajar, jugar, realizar a algún deporte, saltar en paracaídas, tocar la guitarra en mitad de un parque… Y siempre, siempre buscar un momento para encontrarnos con nosotros mismos.
Esto no ha querido ser un tratado de felicidad, ni una guía de maneras de vivir, sólo es un toque de atención para disfrutar la vida, ya que aunque no nos demos cuenta es corta y única.


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