domingo, mayo 07, 2006

EL CHOCOLATE(24.5.2005)

Cuenta la leyenda que fue Quetzalcoatl –dios azteca– el que regalo a los hombres en agradecimiento a sus ofrendas, el árbol del chocolate. De aquella planta divina nacían una especie de habas mágicas que tratadas con diversos ingredientes (hierbas, vainilla, especias, miel… incluso pimienta) se convertían en oro –negro– líquido que hacía las delicias de reyes como Moctezuma. Sigue contando la leyenda que el primer europeo en tomar contacto con este manjar fue, como no podía ser otro, Cristóbal Colón, al que le pareció poco significativo su descubrimiento en comparación con el de América. Para concluir este pequeño apunte histórico sobre el chocolate, diremos que la idea de mezclar el chocolate con el azúcar, fue de unas religiosas de Oaxaca (Méjico).

Desde entonces se ha convertido en un alimento básico en nuestra dieta, debido sobre todo a su sabor extremadamente agradable: Puede beberse caliente después de mojar unos entrañables churros, templado y en batido –a ser posible acompañado de alguna fruta–, o bien frío y también acompañando de otra bebida. Se paladea en tabletas, onza a onza, o a pellizcos. Se une a sándwiches calientes –donde está el chocolate deshecho junto con mermelada de fresa–, a helados de todo tipo: con nata, con fresas… Lo podemos encontrar en galletas, tartas, bizcochos, donuts… Por motivos de delirio personal no seguiré enumerando uno a uno los placeres que se esconden en cada uno de estos alimentos.

Porque es conocimiento de todos mis allegados esta pasión mía por el chocolate. Va más allá del gusto otorgado por mi herencia familiar, donde los genes en mí han hecho estragos, jugando un papel importante, incluso de un paladar que por motivos de disfrute estoy intentando educar con buenas costumbres y sabores. Más de una vez he sido sorprendida explicando sin tapujos mi adicción por el chocolate, que en alguna ocasión se habrá malinterpretado en el pensamiento de transeúntes que en aquel momento pasasen por allí: pudiese estar haciendo alusión al “otro” más dañino. Pero como en realidad el único que tomo, no hace más daño que el de engordar, en pocas ocasiones me privo de contar las experiencias disfrutadas, así como nuevos descubrimientos, inventos o recetas.

Pero todo arte, aunque sea el de comer chocolate, tiene sus inconvenientes. A pesar de que es cierto el dicho de un amigo mío “el alimento no engorda, él que engorda es el que se lo come”, muchos expertos son sus detractores: médicos y estudiosos de sus componentes dicen que 100 gramos aportan 500 calorías y que en el consumo de más de 40 gramos puros puede producir trastornos digestivos, urticaria, acné y problemas respiratorios como asma.

En mi caso, me quedo con los defensores de aquel que me devuelve la alegría después de saborear tan sólo una onza, porque además de estimular el estado ánimo y ser remedio demostrado para combatir la depresión, el chocolate tiene distintos componentes que estimulan la actividad cardiaca disminuyendo el riesgo de infarto en hasta un 21%, anima el funcionamiento del riñón, detiene la tos persistente (en altas cantidades), disminuye el colesterol en consumo razonable debido a que uno de sus componentes en su elaboración es el aceite de oliva, incrementa el deseo sexual por la incitación de las endorfinas, nos libera del estrés tan dado en esta época, incluso funciona como las vitaminas artificiales que la mayoría de los estudiantes tomamos en esta época, porque aumenta nuestro rendimiento...

Podría estar enumerando unos y otros beneficios del chocolate, pero como todo tiene su fin, me despido de ustedes tableta en mano (a ser posible chocolate negro con frutos secos) con el deseo de pasar un buen rato viendo otra suculencia: la película Chocolat. Receta indispensable para esta primavera.

El chocolate, segunda parte. Después de las delicias descritas en el artículo anterior, vengo en esta ocasión también ha hablarles de este manjar que me fascina:

“El chocolate, cual personaje de cuento de hadas, lo encontramos superpuesto y con galleta, con bastones de caramelo…, pegado a las paredes de la casa de la bruja de Hansel y Gretel.”

Este cuento que levantó nuestros temores de niños, y también nuestra avidez por los dulces, y el azúcar, es un claro ejemplo del empleo del chocolate en la literatura. Es un elemento indispensable en novela, relato o poesía erótica, ya que muchos son los juegos en los que se emplea: ser untado o untar con un pincel finísimo para después degustar con entusiasmo por completo el plato prohibido.

Pero no sólo puede uno ser untado para semejantes circunstancias, sino también para entrar en profundo trance de relajación. En balnearios y clínicas de estética e imagen, es utilizado en nuevos tratamientos que derivan en la chocolaterapia. Consiste en que el paciente es desnudado y tumbado en una camilla, y con pinceles de pelo de caballo, de cabra, de oveja o de cebra si me apuras a uno le extienden una fina capa de chocolate tibio, casi caliente, que ejerce su función sobre la piel: la deja tersa, suave y espectacular. Como vemos ya no salen granos, viejo tópico, cuando es ingerido y mucho menos ahora que tratado por expertos lo han empezado también a considerar buen relajante muscular: lo mismo cura una distensión, tendinitis…

Por seguir con sus propiedades beneficiosas, destacaremos el papel tan importante que ejerce en contra de la psicodepresor. Un claro ejemplo es en Navidad –época del año en la que estamos más sensibles y llorones– cuando encontramos todo tipo de dulces con chocolate: turrones de chocolate y trigo inflado, relleno de cereza o fresa, con trufa y nueces… y mantecados, y polvorones.

Tal vez sea casualidad que sea en esos meses cuando el consumo del chocolate se dispara, así como en San Valentín, Día de la Madre y similares eventos… ya que es cuando más se comercializa. Y quizá no tanta, al tratarse en época de exámenes: selectividad, fin de curso o los temidos exámenes universitarios.

No quiero despedir la segunda parte y última de este artículo, sin tratar uno de los temas más interesantes del chocolate: la cocina. No es menos cierto que son los expertos y amantes chocolateros los que confeccionan las más sofisticadas recetas gastronómicas con el chocolate. Son desde platos salados, como filete de ternera con salsa de chocolate, como canapé de anchoa con trocitos de chocolate, laminado en esquirlas junto con una ensalada, etc…

Pero sin duda es en lo dulce donde alcanza su mayor éxito. Además de mis recetas personales, que ya les recomendé con anterioridad les puedo indicar otros platos caliente o no: el tradicional gofre con chocolate y nata, tarta de chocolate con galletas María, churros recubiertos y con virutitas, y toda clase de suculencias que pueden encontrarse recogidas en cualquier bombonería o chocolatería (sin duda mis preferidas), así que ya saben si se encuentran mal de estado de ánimo o de salud visiten una de ellas.

Yo me vuelvo a despedir tableta en mano degustando una nueva película: El país del Chocolate. Que lo disfruten.

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