jueves, mayo 04, 2006

A GOLPE DE APAGÓN(30-11-2004)

Algunos lugares de España, estas semanas de atrás, oscurecieron de repente por la noche, aunque durante el día también lo hicieron las luces de miles de neveras “y otros utensilios domésticos”. Resultado: Miles de pérdidas en alimentación, parón de los comercios (incluso algunos no pudieron ni abrir las puertas, ya que estas eran mecánicas), descontento de la población en la que la mayoría de sus usos hogareños se hacen gracias a la luz eléctrica: la ducha (calentador eléctrico), la comida (horno eléctrico o vitrocerámica, amén de los frigoríficos y otros cacharros de cocina), los deberes (ordenador, flexos)... y así un largo etcétera.

Las compañías eléctricas se apresuraron a poner a la disposición ciudadana unas oficinas especializadas en esto, para que se interpusieran todas las demandas o reclamaciones ocurridas en las fechas de los “siniestros”, porque para muchos lo fue. Aquí en muchos casos siempre los habrá que aprovechen la ocasión para sacar algún beneficio (auque pensemos en la buena fé de nuestros congéneres).

¿Culpables? Aparte de las circunstancias acaecidas en los días de autos, hay que sumarle las malas instalaciones eléctricas, que a golpe de apagón se están poniendo en evidencia.

Hace ya muchos años, cuando se pobló el territorio español de árboles sin ramas y sin hojas (árboles de cables, como los llamaban los niños de antes) se instalaron las primeras redes eléctricas que proveían de la maravillosa e increíble luz que iluminaba por primera vez las noches españolas. Así crecieron de repente los frigoríficos, las lavadoras, los lavavajillas, cafeteras, licuadoras, ordenadores... Y desde entonces, a pesar de cambiar poco a poco los árboles sin ramas y sin hojas por altas torres de hormigón armado, donde ya hacen sus nidos los pájaros, los cables siguieron ocupando los mismos lugares que al principio.

Y más hoy en día, donde impera el capitalismo (en el que todos somos partícipes), y lo que prima en las empresas es maximizar beneficios a costa de cualquier circunstancia, como disminuir el coste tanto en mano de obra como en otros medios. Por lo que nos encontramos con una vieja instalación eléctrica que empieza a dar sus últimos coletazos a golpe de apagón, con unas compañías que nos ofrecen el oro y el moro en un mercado recientemente liberado, las cuales invierten poco en mantenimiento y prácticamente nada en mejorar sus instalaciones, mientras están esperando con las manos abiertas los beneficios que ofrece nuestro consumo masivo.

Porque es cierto que cada vez todos consumimos más recursos y más electricidad en nuestra vida: compramos más y más aparatos que nos faciliten la existencia, mientras que la capacidad de las redes es la misma y no dan abasto para tanta demanda que crece día a día. Ante este panorama los más contentos de nuevo las compañías y sus cifras en beneficios, ya que parcheando aquí y allá van facilitándonos el incremento en nuestro consumo.

Por lo tanto desde ahora yo les recomiendo que tenga a mano las velas cuando vayan a encender las lámparas, el puchero y el fuego al ir al hacer la comida, los quinqueles a la hora del estudio, las pilas y los estropajos cuando se propongan lavar la rompa y los platos... y así sucesivamente, no sea que nos dejen a medias a golpe de apagón.


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