jueves, mayo 04, 2006

ASTURIAS(20-7-2004)

Hace menos de un mes vi cumplido uno de mis mayores deseos: conocer el norte de España. Nunca había tenido la oportunidad de viajar por aquellos rincones tan hermosos, ya que siempre el destino de mis vacaciones veraniegas suele decantarse por la costa valenciana –como la inmensa mayoría de los españoles– o por alguna región de montaña no muy lejos de mi residencia. Así que siempre me tenía que conformar, con ver por televisión los impresionantes paisajes que aquellas tierras nos ofrecen.

Pero en esta ocasión la suerte o el destino, según se mire, me llevó a Asturias por una causa ajena al único deseo de viajar. El motivo real fue la recogida de un premio de poesía, concretamente el que se otorgaba en el Certamen “Memorial Bruno Alzola”. Habían sido ya varias las tentativas en diversos concursos literarios convocados en distintos puntos del norte, y por fin una noche sonó el teléfono que me llevaría rumbo a mi destino deseado.

Pronto di a conocer la noticia entre mis familiares y amigos, y muchos fueron los que se declararon estar enamorados de aquellas tierras... y como suele ocurrir en estas ocasiones, algunos me recomendaron conocer distintos puntos de esa comunidad. Pero hasta que no estuve allí, no percibí la magia especial que se esconde en todos sus rincones.

El destino fue el concejo de Peñamellera Baja, y concretamente las localidades de Panes y Buelles. En esta última se encontraba el lugar desde el cual se había llevado a cabo la organización de este certamen: El Restaurante de la Sauceda; donde se pueden encontrar todas las especialidades de la comida asturiana, como la fabada, el queso picón, el pastel de cabracho o unos ricos postres (como arroz con leche, flan...) y la reina de la mesa: la sidra asturiana... que no tiene nada que ver con la burbujeante que se bebe por estos lugares en Navidad. La de allí es la “auténtica”, y hay que beberla para comprender porque se la denomina así (aquí les doy un buen motivo para viajar a Asturias).

El propietario de este restaurante es Ramón Alzola, que a su vez es el promotor del certamen. Hace unos años sufrió la dolorosa pérdida de su hijo Bruno Alzola, y a esto unido que siempre tuvo la idea de fomentar la cultura de alguna forma decidió convocar este año un certamen en memoria de su hijo. Les cuento todo esto, porque además de parecerme una hermosa causa, me sorprendió cuando supe que la fecha de entrega del premio coincidía con la fecha de nacimiento de su hijo, y en palabras de Ramón: “Sigo y seguiré celebrando el cumpleaños de mi hijo”. No hay palabras.

En mi estancia allí además de los hermosos paisajes, del clima nostálgico que siempre cae con la tarde, del chiribiri perpetuo a veces y de una rica cultura, descubrí la hospitalidad de los asturianos. Una hospitalidad generosa que te hace sentir como en casa, y nunca jamás como un extraño... o un forastero.

Este artículo (“letrillas prometidas”) es la manera de unirme a todos los enamorados de Asturias y también la forma de dar las gracias a todos aquellos con los que pasé unos días inolvidables.

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