jueves, mayo 04, 2006

QUE INCÓMODO SER MUJER(3-6-2004)
Otro sábado más llegué a casa pensando lo incómodo que es ser una mujer. Por ese afán que tenemos todas de salir guapas y estupendas para gustarles a ellos, que luego ni se fijan excepto en lo corta que es la falda o lo generoso que es el escote. Los hombres lo tienen más fácil. Aparte de afeitarse la barba –que en algunas ocasiones resulta atractiva si no es muy abundante– y de peinarse un poco, pueden ponerse cualquier prenda de vestir y ya se supone que van arregladitos. Sin embargo las mujeres lo tenemos algo más complicado:

Empezaremos primero por la depilación. Tenemos a nuestro alcance una amplia gama de productos: desde la indolora (mentira) arranca-pelos eléctrica a la cera de toda la vida, desde cremas, mouses, geles rasuradores a la cuchilla de siempre, y cremas decolorantes del vello “no bello” para las más sensibles al dolor. Todo esto debemos aplicarlo como mínimo una vez al mes (a veces con el mes, por lo que luego nos dicen que porqué estamos tan sensibles) en todas las partes imaginables de nuestro cuerpo: las piernas, el bigote, las axilas, las ingles entre otras, que al final lo único que no llevamos depilado es la punta de la nariz. Después del procedimiento, que suele llevarnos un par de horas si es completo, hay que esperar a ver desaparecer las rojeces inevitables.

En segundo lugar la elección del vestuario, lo menos complicado si cabe, aunque en función del momento debemos elegir correctamente la prenda que mejor convenga. Pero lo peor y más incómodo es el tacón y el sostén. Conozco a muchas que me aseguran que para ellas llevar un tacón es como ir descalzas por su casa, no sé si es que tendrán los pies de cemento o los míos serán muy sensibles, pero es ponerme un zapato con un tacón poco mayor que un alfiler y dolerme los pies a rabiar al cabo de un par de horas.

Y que decir del sostén, que en ocasiones para muchas es una alternativa al bisturí, porque los hay de aros, con tirantes y sin ellos, de gel, los wonderbra con andamios, de aceite masajeante, etc... y todo para resaltar la figura. Pero al igual que me ocurre con el tacón lo mismo con estas filigranas, que se te clavan en el alma y no puedes evitarlas en ocasiones especiales.

A la parte más divertida sin duda es el maquillaje, aquí es donde sacamos todo el talento artístico que llevamos cada una en nuestro ser, y comenzamos con: el maquillaje (en crema, en polvo o compacto), con la raya del ojo, los polvos de color y el rimel, después el colorete y por último el pintalabios con su perfilador a juego. Pero lo malo es a la llegada de algún sitio caluroso y con humo, todo lo que llevas en la cara (perfecto antes de salir de casa) empieza a derretirse, los ojos te lloran y el rimel se corre. ¿Qué ocurre al final? Que no ves nada, todo negro y tu cara también.

Pero sin duda lo más curioso son nuestros bolsos, que sirven para guardar cualquier cosa: las llaves (de casa, del coche...), el móvil, la cartera, el maquillaje para retocarse, el peine, un espejo, los pañuelos de papel, las llaves de él (de casa, del coche...), el móvil de él, la cartera de él y otras cosas de él. Si además tienes niños: los juguetes del niño, el agua, las toallitas, los pañales... ni Mary Poppins.
¿Cómo salimos de casa? Estupendas en una palabra... impresionantes. Pero con el transcurrir de la noche nos pesa el bolso, se nos clava el sostén, nos duelen los pies, las medias tienen carreras, se nos ha corrido el rimel y tenemos la cara negra. ¿Qué ocurre por tanto? Estamos deseando llegar a casa y quitarnos todo lo que llevamos a cuestas y meternos en la cama y pensar para nosotras: ¡Dios mío, qué incómodo ser mujer!

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