miércoles, mayo 03, 2006

RÉQUIEM POR SIETE VIDAS(2-12-2003)

Esta vez han sido siete, siete vidas. Aunque no las que tiene un gato, las que según muchos dichos populares se van gastando poco a poco. Pero estas siete vidas no son de las que resucitan, ni de las que tienen más oportunidades para seguir en este camino vital día tras día.

Son siete vidas que se han cortado de raíz para siempre, siete vidas que han dejado siete oquedades en numerosas otras existencias. Dejaron mujeres, hijos, padres y demás familiares. A pesar de que lo cierto es que ellos son los que se llevaron la peor parte, también quedan otras tantas que sufrirán sus vacíos.

Estas nuevas víctimas de la guerra -ya solo con nombrarla duele esta terrible palabra- vienen a sumarse a las otras ya innumerables que se han quedado en el que se denomina “campo de batalla”. En este caso en el “campo” de Irak, donde día tras día van quedándose para siempre numerosos muertos. Muertos de distintas nacionalidades, color, religión...

Porque no quiero hablar de militares, de civiles o de un bando o de otro, sólo voy a referirme a ellos como muertos, “nuestros muertos”, los muertos de todo el mundo. Ya que hoy le tocó a España el lamentarse por todas estas pérdidas humanas, pero tiempo atrás las sufrió Italia, Estados Unidos,... entre otras nacionalidades, además de las innumerables pérdidas que lleva a cuesta ya el pueblo iraquí.

Hoy les cuento esto, porque las imágenes y testimonios ofrecidos por los medios de comunicación me han vuelto a destrozar el corazón. Y digo me han vuelto a destrozar, porque son tantas las atrocidades que vienen ocurriendo en este mundo. Un mundo que parece haberse vuelto loco: matanzas indiscriminadas de delfines, violaciones, mutilaciones, asesinatos selectivos, atentados, catástrofes medioambientales (consentidas)... Un mundo que no puedo comprender porque no se para un momento a ver todo lo que sucede, se toca el alma y se pregunta si todo esto no se podría evitar. Es fácil pensar que si la comunicación entre dos personas es complicada, aún más lo será entre naciones; pero lo que es lamentable que estos conflictos acaben en demasiadas ocasiones en confrontaciones bélicas. Pero yo no puedo entender el porqué de tantas muertes.

No, no puedo entender porque un niño de apenas un año de edad tendrá que crecer sin su padre. No, no puedo entender porque siete personas tiene que morir de esa forma tan trágica y encima que se les critique por ello. Sí, se les critica porque venían de divertirse. Que yo sepa todo el mundo después de hacer su trabajo tiene su tiempo libre, y a pesar de estar en la guerra no creo que esté prohibido echarse unas risas en sus pocos momentos de ocio. Y no, no puedo entender porque sus mujeres, padres y demás familiares tendrán que seguir viviendo sin tener su presencia próxima.

Por eso, y por otras tantas cosas yo quiero dejar en este pequeño trozo de papel un llamamiento al mundo, a un replanteamiento de pensamiento; tal vez si todos pusiéramos de nuestra parte en parte esto se podría solucionar.

Por eso, quiero dejar mi pequeño homenaje a estos hombres y a tantos otros que dejaron su vida en el “campo de batalla”, y soñando un deseo que lo más seguro no veré cumplido: “Ojalá que no haya que cantar nunca más un réquiem por siete vidas.”

Web Site Counter
Hit Counters