CLAUSURA(28-4-2004)
¾A Maria Angeles¾
Siempre he sido persona de principios, además me considero tolerante y pacífica, amante del amor y la amistad, devota del beso y del abrazo, ferviente idealista de un mundo sin hambre, sin guerras... sin tantas cosas. Profeso ninguna religión, porque creer en Dios o en otros es cosa de uno mismo. Nunca he criticado a mis amigos “los muy cristianos”, y sí me ha gustado en muchas ocasiones mantener con ellos conversaciones interminables sobre la fé, el alma y el más allá; algo sencillo de conseguir si existe en todo momento el respeto.
Pero tan sólo hace unas semanas todo esto tan respetable me rompió el corazón, una de mis más queridas amigas nos confesó el que parecía su inconfesable secreto, había decidido ser monja de clausura en uno de los conventos más estrictos que existen en España. Estrictos, más que estrictos desfasados. Teresa de Jesús, la célebre y aguerrida monja-escritora del siglo XVI dejó establecidas unas normas de vida para las que se llamaron “hermanas carmelitas descalzas –o en algunos casos calzadas–” para facilitarles el modo de vida contemplativo “clasurado de derechos”. Normas que se mantienen “algo más cómodas” hoy en día (como el dormir en una tabla de madera con una pequeña plancha de espuma, vivir sin agua, sin higiene, sin comida a derechas, vestir con un hábito de lana (de esa que pica) tanto en verano como en invierno, sufrir castigos físicos si una hermana comete tal vez el pecado mortal de hablar en época de silencio... castigos (disciplinas) que asumen con toda naturalidad porque “según sus ideas” cuanto más se sufre en la tierra más almas se salvan. Sin contar con la pribación del derecho de la libertad de expresión, de la comunicación con tus seres queridos (¿porque un padre tiene que morirse sin volver a ver su hija?, también él tiene derechos y parece que se les olvida), derecho a recibir correspondencia libre y sin censura (todo lo que reciben pasa antes por manos de la madre superiora para ver si es lícito o no lo que tal vez lea su monja). Pero sin duda lo que más triste la pribación de los besos, de los abrazos, de que te vean envejecer tus amigos, del dolor hondo de verlos a través de una reja oscura sin que ellos puedan verte.
Ellas sin duda piensan que todos estos sacrificios merecen la pena por salvar un puñado de almas, yo aquí te planteo amiga esta carta de reflexión para la que ya te habrán dado todas las respuestas: Piensas que sufrir con ese hábito, o agudizar con esa forma de vida tus problemas de espalda y de estómago merece la pena, dime el por qué de tus ganas de volar y de vivir que de repente que te han entrado, me recuerdas a esos enfermos que les dicen que no les queda nada más que unos pocos días de vida... porque si tan segura estás tienes esas ganas inmensas de vivir, de vernos, de viajar, de disfrutar, de pasear, de reir y de llorar. Tal vez por nosotros o tal vez porque sabes que no volverás a pasar esto ratos con “tu gente” haces todo esto, pero estoy segura que esta desazón de llevar a cabo tu vocación, aparecida a nuestros ojos de repente se ha incrementado por alguna extraña razón en un año ni siquiera. Es duro decirlo pero es mi forma de verlo, pero no voy a criticarte, no voy a meterme en una decisión tan importante para ti, no voy a llamarte egoista porque es todo lo contrario, ni tampoco voy a poner en tela de juicio tu amor a Dios, sé que siempre has sido muy creyente.
Amiga sabes bien que no soy egoista, pero a mi alma (¿si la tengo?) le haces más falta aquí fuera que dentro, y si sería egoista sino te lo dijera. Te pediría antes de que entraras, que reflexiones, que te vayas de misiones o a viajar, que veas el mundo real, y que cuando estés al lado de un niño del tercer mundo y realmente vengas y me digas que haces más falta dentro que fuera (porque tu corazón es grande y generoso) y quieres salvar almas, ya no diré nada.
Pero amiga, desde aquí, desde una persona que respeta tu opinión, que no la comprende ni la entiende, que sólo tiene un grito desesperado en la garganta porque no volveré a hablar contigo libremente, ni a verte, ni abrazarte, ni a besarte, sólo puedo decirte que reflexiones y antes de sálvar las almas de los que no tienen nada de comer.. nada de nada, actúa y sálvales la vida... haz vidas antes que almas.


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