TORTUROMAQUIA(14-9-2004)
¾Desde mi respeto a todos los aficionados de los toros¾
Este verano entre fiesta y fiesta de muchos pueblos españoles, se han venido sucediendo encierros, embolamientos, corridas de toros y otras barbaridades. Espectáculos “muy españoles” que nos dan fama más allá de nuestras fronteras (una visión no muy humana de cómo tratamos a los animales aquí en esta tierra), junto con el vino, las sevillanas y el buen jamón con queso.
Este tema además siempre está candente, ya que nuestra sociedad se encuentra dividida en dos: los amantes y los enemigos acerrimos. Lo curioso es que no hay un punto medio, o se adoran los toros o se detestan. Muchas son las asociaciones en defensa de los animales que emiten comunicados mostrándonos los daños que sufre el toro antes y durante de una corrida (además de los caballos utilizados en el rejoneo).
Antes:
Afeitado de los cuernos sometiéndoles a un dolor terrible en las terminaciones nerviosas que los recorren (sería algo así como un dolor de muelas continuo), estos en los casos más elegantes casi imperceptibles. En el caso de embolamiento, les untan con gasolina los cuernos y se los queman, los pobre animales corren buscando agua con su cabeza incendiada.
Implantación de un lacito coloreado encima de sus paletillas, suelen hacerlo con unos arpones similares a los de pesca submarina (para ir ablandando un poco al toro), se supone que es para indicar el lado idóneo para colocarles las banderillas.
Luego se hablan de hechos muy escabrosos (aunque han sido pocos los casos de los que se tiene constancia) como: untarles grasa o vaselina para nublarles un poco la visión, golpes en la espalda antes de salir al ruedo y otras que les ahorro por compasión...
Después:
Las banderillas: Esos palitos de colores tan originales que parecen farolillos de las ferias, se los clavan en la espalda de un puyazo (como si nos clavásemos en la nuestra una aguja de tres dedos de ancho), y durante el transcurso de la corrida van desgarrándole la carne y rompiendo muchos de sus vasos internos.
El rejoneo: Aquí no sólo sufre el toro, sino también el caballo: el toro “sólo sufre” el corto de la mayoría de los músculos de su cuello, por eso durante el transcurso que le lleva hacia su muerte lleva cada vez más la cabeza agachada, pero el caballo sufre daños en sus costillas y en sus intestinos.
Toreo:
Después de todo esto llega la figura del toreo, que muchos lo entienden como lo más brillante de la faena. Un pobre torero que se arriega la vida delante de un toro moribundo, que está pidiendo clemencia para morir en paz. Este torero que en muy pocas ocasiones sufre daños personales (gracias a su suerte y para la de todos) muestra en la plaza lo mejor de sí mismo (lo que sabe hacer) para completar la torturomaquia sobre estos animales.
Cierto es que es una costumbre que tenemos arraigada en los cimientos “de siempre” en la que vienen sucediéndose “figuras del toreo y del rejoneo”, cierto también que nos conocen en todo el mundo por ello, cierto que aún se sospecha que si no existiese esta costumbre habría muchos menos toros, pero no menos cierto que es una de las mayores torturas que aún podemos ver en nuestra sociedad sin ninguna impunidad.


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