PECADO ORIGINAL(12-7-2005)
A pesar de que un día tras otro la mayoría de los seres humanos se esfuerza en ser un poco mejor: con sus congéneres, sus iguales o bien con aquellos con los que no tiene ninguna relación… muy pocos lo consiguen. Hablaré del hombre en general, y no haré distinciones porque en realidad todos somos iguales, todos con los mismos sentimientos, buenas intenciones y bajas pasiones.
Y aunque en el mundo se habla hoy de tolerancia, de integración y de diversidad lo único cierto es que por motivos variados: económicos, sociales o políticos, las relaciones humanas y la supervivencia de éstas es inviable. Mi fé en nosotros, animales racionales por encima de cualquier otro animal, se va mitigando poco a poco… y la confianza y nuestra supervivencia en el planeta Tierra cada día más se sumerge en un abismo inalcanzable.
No hace aún una semana que a todos nos sacudía de nuevo el terror, un nuevo atentado de Alcaeda (terrorismo islamista) sacudía el corazón de Londres… y de nuevo corrían las lágrimas, y la sangre se derramaba sin pausa por todos los rincones de esta bella ciudad que se sumerge en vapores de niebla mortecina. Pero aún podía ser más trágico, otras ciudades europeas se veían amenazadas por estos grupos radicales que no saben exactamente ni que pretensiones persiguen: ¿repudio hacia el mundo occidental?. Nosotros los españoles de a pie, pudimos revivir nuestra experiencia que tenemos en terrorismo y comprobar como se revolvía de nuevo algo en las entrañas…
Pero si esto nos conmovía, también lo hacían las nuevas imágenes que nos llegaban de Srebrenica. Diez años hace ya de la guerra de Bosnia, donde más de 8.000 musulmanes fueron masacrados en lo que la ONU denominaba Zona de seguridad. Fue sin distinciones: niños, ancianos, hombres, mujeres vejadas… todos de igual forma acabaron en fosas comunes, algunas de las cuales siguen descubriendo el horror que sufrieron en sus carnes aquellas personas. No es menos cruel del asunto que los culpables de tan colosal y negra hazaña salieron por “pies para que os quiero” y aun algunos de ellos se encuentran en paradero desconocido, es decir, no han podido se juzgados.
Estos como otros son pecados de nuestra sociedad que pueden repetirse y que están repitiéndose día sí y otro también. Algunos ejemplos de ello: atentados indiscriminados en Israel, Irak, Afganistán, masacre de civiles en Palestina, muertes indirectas por el hambre, el sida y otros males de nuestro tiempo en países del tercer mundo, explotación infantil (prostitución, trabajo-esclavitud mal remunerado), violaciones de padres a hijos con consentimiento de la madre, amenazas desde Estados Unidos a Irán por no se sabe que motivo -¿se estarán buscando una excusa para obtener su petróleo?-. Aquí en me detengo en esta enumeración dolorosa para el corazón, para atreverme a vaticinar una guerra en poco más de dos años entre estos dos últimos países.
Todo pecados, pecados que no hace falta confesarlos porque son inconfesables, pecados al margen de la religión y de la razón humana, pecados que pueden terminar con las fronteras, pero no para unirnos sino para separarnos aun más… separar a esta raza de humanos que luchan por conseguir el pecado más original.
Y aunque en el mundo se habla hoy de tolerancia, de integración y de diversidad lo único cierto es que por motivos variados: económicos, sociales o políticos, las relaciones humanas y la supervivencia de éstas es inviable. Mi fé en nosotros, animales racionales por encima de cualquier otro animal, se va mitigando poco a poco… y la confianza y nuestra supervivencia en el planeta Tierra cada día más se sumerge en un abismo inalcanzable.
No hace aún una semana que a todos nos sacudía de nuevo el terror, un nuevo atentado de Alcaeda (terrorismo islamista) sacudía el corazón de Londres… y de nuevo corrían las lágrimas, y la sangre se derramaba sin pausa por todos los rincones de esta bella ciudad que se sumerge en vapores de niebla mortecina. Pero aún podía ser más trágico, otras ciudades europeas se veían amenazadas por estos grupos radicales que no saben exactamente ni que pretensiones persiguen: ¿repudio hacia el mundo occidental?. Nosotros los españoles de a pie, pudimos revivir nuestra experiencia que tenemos en terrorismo y comprobar como se revolvía de nuevo algo en las entrañas…
Pero si esto nos conmovía, también lo hacían las nuevas imágenes que nos llegaban de Srebrenica. Diez años hace ya de la guerra de Bosnia, donde más de 8.000 musulmanes fueron masacrados en lo que la ONU denominaba Zona de seguridad. Fue sin distinciones: niños, ancianos, hombres, mujeres vejadas… todos de igual forma acabaron en fosas comunes, algunas de las cuales siguen descubriendo el horror que sufrieron en sus carnes aquellas personas. No es menos cruel del asunto que los culpables de tan colosal y negra hazaña salieron por “pies para que os quiero” y aun algunos de ellos se encuentran en paradero desconocido, es decir, no han podido se juzgados.
Estos como otros son pecados de nuestra sociedad que pueden repetirse y que están repitiéndose día sí y otro también. Algunos ejemplos de ello: atentados indiscriminados en Israel, Irak, Afganistán, masacre de civiles en Palestina, muertes indirectas por el hambre, el sida y otros males de nuestro tiempo en países del tercer mundo, explotación infantil (prostitución, trabajo-esclavitud mal remunerado), violaciones de padres a hijos con consentimiento de la madre, amenazas desde Estados Unidos a Irán por no se sabe que motivo -¿se estarán buscando una excusa para obtener su petróleo?-. Aquí en me detengo en esta enumeración dolorosa para el corazón, para atreverme a vaticinar una guerra en poco más de dos años entre estos dos últimos países.
Todo pecados, pecados que no hace falta confesarlos porque son inconfesables, pecados al margen de la religión y de la razón humana, pecados que pueden terminar con las fronteras, pero no para unirnos sino para separarnos aun más… separar a esta raza de humanos que luchan por conseguir el pecado más original.


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