LA USURA(2-5-2006)
Hace tan sólo dos semanas les hablé del niño paquistaní Iqbal Masih, condenado a la esclavitud de por vida debido a los altos intereses de un préstamo solicitado por su madre a uno de los usureros que pueblan aquel país. El niño posteriormente de ser rescatado por una ONG fue asesinado por sus “amos” por varios motivos, uno de ellos era el no haber completado el pago de las letras que adeudaba. Después de estos antecedentes traslademos aquel problema a España, y observemos que sin ser comparable en la misma medida encontramos en nuestro país algunos ejemplos que rozan el delito de la usura.
Todo comenzó hace unos años con el boom inmobiliario, que fue engordando los precios de la vivienda de tal modo que se ha convertido para el ciudadano de a pie en un bien de lujo –de cada vez menor dimensión–. Y mientras el tamaño disminuye, los precios generales aumentan, los sueldos están casi paralizados, incrementa la moda del consumismo y como remate las hipotecas tienen libertad de aumentar sus tipos de interés –según anuncio reciente del Banco Central Europeo- por lo que los bolsillos y monederos de todos están cada vez más vacíos. Consecuencia: Crece el número de familias a las que les cuesta llegar a fin de mes.
Esta situación económica del panorama actual nos trae el florecimiento de las agencias y empresas privadas de crédito, que exponen y publicitan sus servicios en los medios de comunicación: televisión, prensa, radio y otros canales. Estos servicios ofertan créditos rápidos, que no precisan nada más que de una llamada telefónica por tu parte –o la suya- y de los 20 dígitos de tu cuenta corriente. Para obtener uno de estos micro-préstamos no precisas ni de aval, ni de ningún tipo de garantía que les de la seguridad de que pagarás.
Pero pongamos un ejemplo para comprender el “timo”: Una señorita te llama por teléfono y te ofrece 6.000 euros, por la gorra, para cumplir tu mayor sueño o para superar las penurias económicas de concluir el mes. Posteriormente llega la cruel realidad: deberás abonar mensualmente, durante 24 meses, más de 9.000 euros; es decir, cobran por dejarte ese dinero -durante 2 años- 6.000 euros más el 25% anual por servicio ofrecido. Cuando te percatas de que es una estafa en toda regla y reclamas su atrevimiento a la señorita, ella insiste en que se paga en cómodas cuotas... menuda desfachatez. De todas formas más de un incauto cae en las redes de este tipo de negocios.
Curiosamente en España la usura está legalmente perseguida por la Ley de represión de la usura de 23 de julio de 1908. Esta casi centenaria ley persigue según su Artículo 1: todos los contratos con un tipo de interés notablemente superior al normal del dinero y manifiestamente desproporcionado, estos serán anulados y también en los casos en los que se compruebe que el señor que presta el dinero se aprovecha de la situación angustiosa, de la inexperiencia o de lo limitado de sus facultades mentales del que pide el préstamo. También anula los contratos que suponga la entrega de una mayor cantidad que la verdaderamente entregada.
Las agencias especialistas no suelen pillarse las manos cobrando intereses excesivos –aunque rozan el umbral de lo permitido-, pero suelen cobrar un tipo de interés notablemente superior al normal del dinero, además se aprovechan de la situación angustiosa y de la inexperiencia de muchos ciudadanos para hacer negocio, por lo que se podría deducir que muchos de estos contratos podrían anularse. Reflexionando sobre esto me despido no sin antes aconsejarles: que antes de aceptar o firmar nada, lean la letra pequeña del contrato.
Todo comenzó hace unos años con el boom inmobiliario, que fue engordando los precios de la vivienda de tal modo que se ha convertido para el ciudadano de a pie en un bien de lujo –de cada vez menor dimensión–. Y mientras el tamaño disminuye, los precios generales aumentan, los sueldos están casi paralizados, incrementa la moda del consumismo y como remate las hipotecas tienen libertad de aumentar sus tipos de interés –según anuncio reciente del Banco Central Europeo- por lo que los bolsillos y monederos de todos están cada vez más vacíos. Consecuencia: Crece el número de familias a las que les cuesta llegar a fin de mes.
Esta situación económica del panorama actual nos trae el florecimiento de las agencias y empresas privadas de crédito, que exponen y publicitan sus servicios en los medios de comunicación: televisión, prensa, radio y otros canales. Estos servicios ofertan créditos rápidos, que no precisan nada más que de una llamada telefónica por tu parte –o la suya- y de los 20 dígitos de tu cuenta corriente. Para obtener uno de estos micro-préstamos no precisas ni de aval, ni de ningún tipo de garantía que les de la seguridad de que pagarás.
Pero pongamos un ejemplo para comprender el “timo”: Una señorita te llama por teléfono y te ofrece 6.000 euros, por la gorra, para cumplir tu mayor sueño o para superar las penurias económicas de concluir el mes. Posteriormente llega la cruel realidad: deberás abonar mensualmente, durante 24 meses, más de 9.000 euros; es decir, cobran por dejarte ese dinero -durante 2 años- 6.000 euros más el 25% anual por servicio ofrecido. Cuando te percatas de que es una estafa en toda regla y reclamas su atrevimiento a la señorita, ella insiste en que se paga en cómodas cuotas... menuda desfachatez. De todas formas más de un incauto cae en las redes de este tipo de negocios.
Curiosamente en España la usura está legalmente perseguida por la Ley de represión de la usura de 23 de julio de 1908. Esta casi centenaria ley persigue según su Artículo 1: todos los contratos con un tipo de interés notablemente superior al normal del dinero y manifiestamente desproporcionado, estos serán anulados y también en los casos en los que se compruebe que el señor que presta el dinero se aprovecha de la situación angustiosa, de la inexperiencia o de lo limitado de sus facultades mentales del que pide el préstamo. También anula los contratos que suponga la entrega de una mayor cantidad que la verdaderamente entregada.
Las agencias especialistas no suelen pillarse las manos cobrando intereses excesivos –aunque rozan el umbral de lo permitido-, pero suelen cobrar un tipo de interés notablemente superior al normal del dinero, además se aprovechan de la situación angustiosa y de la inexperiencia de muchos ciudadanos para hacer negocio, por lo que se podría deducir que muchos de estos contratos podrían anularse. Reflexionando sobre esto me despido no sin antes aconsejarles: que antes de aceptar o firmar nada, lean la letra pequeña del contrato.
©®Diana Rodrigo Ruiz


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