ESTAMPILLAS DE HUMO(16-5-2006)
Como humo negro de una hoguera se han evaporado entre los dedos la ilusión y el dinero de pequeños y medianos inversores, una hoguera formada por estampillas, monedas, antigüedades y otras colecciones variopintas. Estos elementos patrimoniales que parecían sólidos y firmes, no son ni siquiera reales, tan sólo bienes intangibles sin apenas valor.
Mientras que estas sociedades de inversión animaban a todo aquel incauto a invertir sus ahorrillos en distintos productos financieros, prometiendo pagar por su dinero un interés más alto al que encontrarían en cualquiera de los bancos de nuestra ciudad, sus propios comerciales y directivos no tenían más de 30.000 euros invertidos en sellos. Curiosamente todos aquellos que ahora están entre rejas a la espera de la decisión judicial, las últimas investigaciones de la policía e incluso el rumbo de sus empresas, no contaban en su haber de inversionistas ni un euro más de estos 30.000, algunos ni si quiera se atrevían a probar fortuna.
Curiosamente lo que comenzó hace ya 25 años siendo un negocio en toda regla, un negocio próspero que daba nuevas expectativas de futuro en el mercado financiero español, se ha convertido debido a la mala gestión y a la sobrevaloración intencionada en una estafa en toda regla. Muchos se han sorprendido con la noticia, pero es algo que ya se venía casi anunciando a gritos, aunque hasta que la Fiscalía no ha destapado la caja de Pandora la noticia no se ha hecho pública.
El procedimiento era sencillo: Afinsa y Forum Filatélico para subsanar el déficit empresarial que venían acarreando años atrás, comenzaron a adquirir por un lado filiales inmobiliarias para diversificar sus inversiones, es decir las inversiones se hacían más en ladrillo que en sellos. Pero esto no fue suficiente y como tenían necesidad de disimular sus números escandalosos comenzaron por un lado a falsificar sellos –en el caso de Afinsa- y ejecutar una nueva propaganda para adquirir nuevos clientes: abriendo más sucursales, incrementando el marketing en Internet y en otros medios. Una vez eran captadas las nuevas víctimas y obtenido su dinero les hacían firmar 3 contratos diferentes: uno, para entregarles lotes de sellos sobrevalorados (13 veces superior al valor de mercado) más un interés adelantado correspondiente en realidad a su propio dinero; dos, un contrato de custodia gratuita y el tercero y último donde les prometían recomprar los sellos cuando terminara el contrato, entonces los clientes recibirían su capital inicial más un interés añadido.
La estafa continuaba entonces, ya que con el dinero obtenido de los nuevos inversores pagaban los intereses de los más antiguos. Muchos entonces podrían decir que es similar al dinero que va pasando de una mano a otra sin problemas, pero en realidad el asunto que se presenta es mucho más grave: ya que una parte considerable del dinero de los antiguos inversores se había esfumado y captar nuevos clientes para poder seguir devolviendo intereses a los anteriores (y también a los nuevos) lo único que iba haciendo, era ir agrandando la bola de cifras negativas.
Cuando saltó la noticia unos se acordaron de las estafas de PSV y Gescartera, otros del tradicional timo de la estampita: por lo de estampillas, pero en realidad ni uno ni otro alcanzaron cifras de afectados tan enormes. Recordemos, que tenemos en este instante unos 350.000 afectados –cifra que continuará subiendo- a nivel nacional, respirando con toda dificultad el humo negro de sus sueños calcinados.
Mientras que estas sociedades de inversión animaban a todo aquel incauto a invertir sus ahorrillos en distintos productos financieros, prometiendo pagar por su dinero un interés más alto al que encontrarían en cualquiera de los bancos de nuestra ciudad, sus propios comerciales y directivos no tenían más de 30.000 euros invertidos en sellos. Curiosamente todos aquellos que ahora están entre rejas a la espera de la decisión judicial, las últimas investigaciones de la policía e incluso el rumbo de sus empresas, no contaban en su haber de inversionistas ni un euro más de estos 30.000, algunos ni si quiera se atrevían a probar fortuna.
Curiosamente lo que comenzó hace ya 25 años siendo un negocio en toda regla, un negocio próspero que daba nuevas expectativas de futuro en el mercado financiero español, se ha convertido debido a la mala gestión y a la sobrevaloración intencionada en una estafa en toda regla. Muchos se han sorprendido con la noticia, pero es algo que ya se venía casi anunciando a gritos, aunque hasta que la Fiscalía no ha destapado la caja de Pandora la noticia no se ha hecho pública.
El procedimiento era sencillo: Afinsa y Forum Filatélico para subsanar el déficit empresarial que venían acarreando años atrás, comenzaron a adquirir por un lado filiales inmobiliarias para diversificar sus inversiones, es decir las inversiones se hacían más en ladrillo que en sellos. Pero esto no fue suficiente y como tenían necesidad de disimular sus números escandalosos comenzaron por un lado a falsificar sellos –en el caso de Afinsa- y ejecutar una nueva propaganda para adquirir nuevos clientes: abriendo más sucursales, incrementando el marketing en Internet y en otros medios. Una vez eran captadas las nuevas víctimas y obtenido su dinero les hacían firmar 3 contratos diferentes: uno, para entregarles lotes de sellos sobrevalorados (13 veces superior al valor de mercado) más un interés adelantado correspondiente en realidad a su propio dinero; dos, un contrato de custodia gratuita y el tercero y último donde les prometían recomprar los sellos cuando terminara el contrato, entonces los clientes recibirían su capital inicial más un interés añadido.
La estafa continuaba entonces, ya que con el dinero obtenido de los nuevos inversores pagaban los intereses de los más antiguos. Muchos entonces podrían decir que es similar al dinero que va pasando de una mano a otra sin problemas, pero en realidad el asunto que se presenta es mucho más grave: ya que una parte considerable del dinero de los antiguos inversores se había esfumado y captar nuevos clientes para poder seguir devolviendo intereses a los anteriores (y también a los nuevos) lo único que iba haciendo, era ir agrandando la bola de cifras negativas.
Cuando saltó la noticia unos se acordaron de las estafas de PSV y Gescartera, otros del tradicional timo de la estampita: por lo de estampillas, pero en realidad ni uno ni otro alcanzaron cifras de afectados tan enormes. Recordemos, que tenemos en este instante unos 350.000 afectados –cifra que continuará subiendo- a nivel nacional, respirando con toda dificultad el humo negro de sus sueños calcinados.
©®Diana Rodrigo Ruiz


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